Oaxaca es una sociedad dividida por la desigualdad, la pobreza y el autoritarismo no por la Sección XXII

Oaxaca, es un estado cuya población en su mayoría es “indígena”. Diecisiete pueblos conforman una diversidad como en ningún otra parte del territorio mexicano. En este espacio, niños y niñas mueren por enfermedades curables, los servicios de salud son tan deficientes que de 2013 al 2014 se han registrado al menos 10 partos en la calle y jardines aledaños a los hospitales. foto mario

Oaxaca es el estado con mayor número de feminicidos a nivel nacional, 303 en el mismo periodo de 2013 a 2014. Oaxaca es paso de migrantes centroamericanos, los cuales viven discriminación, extorsión y desaparición forzada. Oaxaca es destino de turismo sexual, los valles centrales, la costa y la mixteca son regiones de trata de personas.

Oaxaca es un estado expulsor de personas, tiene un tercio de su población fuera, en zonas del Distrito Federal, el estado de México y en su mayoría Estados Unidos.

En Oaxaca los conflictos entre comunidades son azuzados, tolerados y hasta provocados por los partidos políticos, los caciques locales, empresas estatales y transnacionales, curiosamente las regiones y comunidades con conflictos coinciden con ser regiones riquisimas en recursos naturales, como oro, bosques, agua, viento y hasta uranio. La masacre de Agua Fría, los conflictos en Santiago Amoltepec, la reciente matanza en Santo Domingo Yosoñama. Los conflictos en zona Triqui en San Juan Copala. Esto aunado a la reciente conflictividad por los megaproyectos de presas, parques eólicos y minería, que han afectado al región de los valles centrales, la sierra sur, el istmo de tehuatepec y la costa. Donde ya se han registrado asesinatos de defensores comunitarios como es el caso de San José del Progreso. Oaxaca es el estado con mayor numero de agresiones a personas defensoras de derechos humanos.

El tema educativo desde los años 80’s, ha sido una parte de esta conflictividad que caracteriza al estado, muchos son los responsables, el Gobierno Federal, el Gobierno Estatal y por supuesto la propia sección XXII, cuya propia existencia, la de un sindicato disidente en esta región del país ha sido una característica interesante. Sin embargo no es el mismo nivel de responsabilidades, no es la misma responsabilidad que tienen el Gobierno Federal que es quien da el presupuesto, o lo quita, y que construye iniciativas de ley que trastocan en todos los niveles la educación, a la responsabilidad de los maestros, no es la misma responsabilidad la del Gobierno Estatal que puede armonizar una ley, o no, a la de los maestros, no es la misma responsabilidad la de un maestro que viaja de 7 a 16 horas a su centro de trabajo y percibe un salario mínimo, a la de sus líderes sindicales que pueden sentarse en una mesa de negociación con el gobernador o las secretarías federales.

La guelaguetza 2014, como decía Bellinghausen en 2007, revela nuevamente las contradicciones de una sociedad profundamente desigual. Presentados como piezas de artesanías, exóticos, místicos, los pueblos indígenas que bailan para degusto de nacionales y extranjeros ya no son hermosos cuando marchan exigiendo respeto a sus derechos, territorio y formas de vida. La sección XXII actúa correctamente mientras solo haga su “guelaguetza popular” y se conduzca “civilizadamente”. Podemos estar de acuerdo o no con sus formas de movilización y de protesta, lo real es que hay un descontento legitimo frente a una reforma que se anuncia como educativa, pero que es una reforma laboral. Podemos estar de acuerdo o no con la manera en la que los maestros de la sección XXII responden frente al atropello de sus derechos, la sección XXII es un sindicato con todos los problemas del sindicalismo mexicano, corrupción, intereses políticos, partidos políticos y demás, no por eso se justifica el uso de la fuerza sobre ellos, mucho menos las violaciones graves a derechos humanos.

El 27de octubre de 2006 en plena revuelta popular, los maestros de la costa, quienes marchan hoy en el Cerro del Fortín, fueron brutalmente desalojados por miembros del Partido Revolucionario Institucional del bloqueo que mantenía en la Casa de Gobierno en Santa María Coyotepec, con machates y armas de fuego fueron perseguidos hasta los cerros aledaños, solo hubo reconocimiento de un muerto durante el desalojo. Este acontecimiento, entre muchos otros, siguen siendo los no aclarados del 2006, hay testimonios de al menos 20 desaparecidos, hay testimonios, de quienes lograron entrar a la zona, de cuerpos apilados en la plaza de la comunidad. Algunos sobrevivientes narran como fueron trasladados en volteos, no se sabia quien iba muerto y quien iba vivo. El 16 de julio de 2007, primer Lunes del Cerro, aun con la presencia de la Policia Federal, se suscitó un enfrentamiento más entre maestros, simpatizantes de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO) y la policía en ese mismo lugar que hoy bloquean los maestros. El saldo fueron 28 personas detenidas y torturadas, 5 con heridas de gravedad, resaltando el caso Emeterio Cruz.

La sociedad se divide nuevamente con los acontecimientos de hoy, un grupo que se alarma y exige el uso de la fuerza frente al atropello de la “máxima fiesta de los Oaxaqueños”. Otro grupo que rechaza profundamente la gran fiesta montada por las autoridades y los empresarios para el degusto de nacionales y extranjeros. ¿Podemos responsabilizar de manera tajante a los maestros? Sin duda tienen un grado de responsabilidad, pero no es la misma responsabilidad que tienen el Estado, Gobiernos Estatal y Federal de garantizar el desarrollo de lo pueblos, el ejercito de los derechos, el derecho al trabajo, el derecho a la salud, el derecho al territorio, y demás. Un Estado que resuelve los conflictos con el uso de la fuerza, es un estado profundamente débil, presa de intereses fácticos, empresariales, partidistas y lamentablemente del “crimen organizado” que ha esta alturas esta diluido en las instituciones gubernamentales. No se puede responsabilizar a los ciudadanos del trabajo que deben hacer las autoridades y el uso de la fuerza publica no solo no resuelve el problema sino que aumenta de manera desproporcionada el descontento.

Nuestra Palabra Nuestra Esperanza

Foto: Mario Martínez

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